Eran las 10 de la mañana del jueves pasado y mi cuñado había prometido volver antes del medio día para recoger a su hija en el kinder; no llegó y sólo después supimos que mientras esperaba la luz verde en un semáforo a dos cuadras de su casa, dos tipos se subieron al vehículo, lo encañonaron por la espalda, lo amenazaron para que no volteara y le dijeron los nombres de mis sobrinos y el de mi hermana para que se diera cuenta que estaba totalmente en sus manos; lo secuestraron cobardemente para después arrojarlo en un cafetal con la cabeza cubierta y las manos y los pies atados con cinta plástica, llevándose el coche que aún están pagando en plazos mi hermana y él.
No supimos de su paradero prácticamente durante quince horas, pues hasta la media noche pudo quitarse los zapatos y zafar los pies de la cinta con pegamento para salir a la carretera, asustado, descalzo, adolorido por los golpes que le dieron, empapado por la lluvia que lo sorprendió tirado en el cafetal, preocupado por la seguridad de su familia. Una patrulla lo recogió y lo llevó a un hospital; solo fue cuestión de minutos para que nos avisaran donde estaba.
Fuí el primero que lo vió cuando todavía respondía desde la cama del hospital a las preguntas de la polícía. Supe de primera mano acerca de la angustia que le causaba el no saber nada de los suyos. Lloró conmigo cuando me contó de las amenazas que le dejaron, en las que le aseguraron que dañarían a sus hijos, a mi hermana, de quienes efectivamente sabían nombres y ocupaciones. Y supe de iguales lágrimas cuando al final de la jornada lloré al abrazar a mi sobrino y le prometí silenciosamente que no permitiré que le pase nada.
¿Se imaginaron acaso esos tipos el sufrimiento que le estaban causando a una esposa, a sus tres hijos, el más pequeño con menos de un mes de edad? ¿Acaso pasa por la mente de esos cobardes que el efecto de sus acciones se ha grabado con tinta indeleble en la mente de una familia? Y lo que es peor, ¿sabrán que desde ese día, un pequeño de escasos 8 años ha comenzado a perder irremediablemente la fe en la raza humana?
Por eso decía, impotencia es lo que queda después de todo esto, pues no puedes más que poner tu denuncia ante el Ministerio Público, avisar a la compañía aseguradora que te robaron y sentarte a esperar las respuestas que no llegarán nunca.

Que poca madre, ¿no hay lugar seguro en el mundo?
Un abrazo Gustavo.
Publicado por: gabo | 28/09/03 en 11:40
Gracias Gabo; Xalapa, mi ciudad, es una ciudad tranquila y poco le pide a otras, pero bien lo dices, ya no hay lugares seguros en el mundo.
Publicado por: Gustavo | 28/09/03 en 12:53
De verdad que que poca madre... Si este tipo de actos afectan a la parte adulta de la familia, imagínate el daño a los más peuqeñños. Y todavía, la angustia de sentirse vigilados, del que puedan regresar... Debe ser horrible... Desde aquí el apoyo moral para ustedes.
Publicado por: Ainulindalë | 29/09/03 en 9:57
Lamento lo sucedido, espero la recuperación moral sea más rápida, pues lo material pasa a segundo plano
Publicado por: saludos | 30/09/03 en 16:02
Muchas gracias a todos por sus palabras, las que dejaron aquí y las que me hicieron llegar por correo electrónico. Ya estamos recuperándonos. Gracias nuevamente.
Publicado por: Gustavo | 30/09/03 en 23:23
Yo viví mucho tiempo en Culiacán,
Sinaloa, una de las ciudades mas violentas del país, y si, me ha tocado ser testigo de sufrimientos, desesperaciones e impotencias a causa de estos actos, llámense secuestros, asaltos, asesinatos, "levantones". Es increíble como se puede afectar psicologicamente tan fuerte a una persona con una serie de amenazas. Increíble también es la frialdad con la que estas personas piden millones de pesos, cortan dedos, golpean, queman, gritan, y luego duermen tan tranquilos.
Definitivamente no hay lugar seguro en el mundo. Si eso pasó en una ciudad tan tranquila, imagínate lo que sucede en una ciudad en la que los asaltos, "los levantones" y los secuestros son perpetrados en la mayoría de los casos por la propia policía judicial. :S
Un abrazo. Ojalá pronto se recuperen de esta.
Publicado por: Axel | 02/10/03 en 12:23
Gracias Axel.. "bonita" la historia de Culiacán; que lástima que nuestras ciudades poco a poco se estén convirtiendo en lugares inseguros para el ciudadano que tiene un modo de vida honrado...
Publicado por: Gustavo | 02/10/03 en 19:05