Este primero de enero se cumplen 10 años del levantamiento zapatista en Chiapas. Diez años de su primera aparición pública, claro está.
Dependiendo de nuestra posición en el espectro político (aún si no somos ni de derecha, ni de izquierda, ni de centro, ni de nada) tendremos nuestra propia perspectiva y opinión de la historia que se ha desarrollado de la mano del EZLN y del Gobierno Federal desde entonces; y aunque tengo la mía, en esta oportunidad prefiero contar algunas de mis impresiones de aquellos primeros días de 1994.
Unos años antes de que comenzara la historia "visible" de Marcos y el EZLN visité algunas poblaciones guatemaltecas limítrofes con México y las imágenes de soldados en traje de campaña apostados tras sus barricadas a lo largo de la carretera, apuntando con armas de grueso calibre al autobús en el que viajaba no se han borrado de mi mente. Después me enteré que eran tiempos en los que la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y el gobierno de ese país estaban sellando algunos pactos para acallar las armas. Me alegré de que en México sólo veía al Ejército durante los desfiles o cuando había alguna inundación, nunca en las carreteras o en las calles, menos aún con sus armas apuntándome y decididos a todo, como los soldados guatemaltecos. Claro que desconocía mucho de la historia del 68, de la guerra sucia de los 70's, de la historia que nos han ocultado siempre.
El caso es que el 2 de enero del 94 leo La Jornada (no había visto TV ni escuchado radio desde hacía un par de días) y me encuentro con la historia de Chiapas y el EZLN, la plaza de San Cristóbal de las Casas llena de indígenas y las consignas pintadas en paredes declarando la guerra al gobierno federal. Para mí no fueron días fáciles por muchas cosas, sobre todo debido a que amo a mi país, pero también estaba conciente de las graves fallas del gobierno, de la necesidad de un cambio que nos ayudara a tirar ese lastre en que se había convertido desde hacia muchos años el eterno PRI, pero no quería un cambio forzado con armas y costando vidas. No a ese precio.
De esas fechas también hay otras imágenes que no puedo borrar de mi memoria: varios indígenas asesinados en el mercado de Ocosingo apenas unos días después del primero de enero, cuando se enfrentaron con armas de madera al ejército y fueron ejecutados con tiro de gracia una vez que fueron acorralados en esa ratonera en que se convirtió el mercado de Ocosingo. Cuando ví esas imágenes lloré, lloré como tenía muchos años de no hacerlo porque me dolió en el alma que en mi país tuvieran que pasar esas cosas para que nos diéramos cuenta de que no todo estaba marchando bien, por mucho que en las ciudades tuviéramos trabajos, escuelas, casa, diversiones, comida caliente. Eramos apenas unos afortunados comparados con los miles, tal vez millones de abandonados, marginados, discriminados por ser indígenas.
Esas imágenes, las del mercado de Ocosingo, están siempre conmigo y aún ahora se me humedecen los ojos cuando recuerdo aquellos sentimientos cruzados al leer el periódico en el lejano 1994. Vinieron después negociaciones y traiciones; la discusión acerca de que si un blanco podía ser el vocero de un movimiento que se declaraba indígena; el gobierno jugando al desgaste y al olvido; el rompimiento; la vuelta a las montañas; la caravana a la ciudad de México; apoyos fallidos a grupos terroristas; el silencio. Pero esas son otras historias y cada quien las cuenta a su manera.
Diez años hace ya... y muchas cosas han cambiado para que todo siga igual.
Nunca creí en Salinas, tampoco en Zedillo; menos aún en Fox. Ahora no creo en casi nadie.

Solo nos queda creer en nosotros mismos.
Publicado por: epuk | 05/01/04 en 13:39
Recuerdo esa mañana del 1º. de enero...despertaba como cualquier otro día, solo con la esperanza que ese año mejorara la situación para millones de mexicanos que estaban ansiosos de ver a un México ascendente, pujante, justo, equitativo.
Al momento de ver la imagen de los zapatistas y del EZLN, tuve la visión de que el subcomandante Marcos era, sin lugar a dudas (no recibí opiniones de nadie) mi ex-maestro de teoría y análisis de la UAM-X, carrera de D.G. Un hombre lúcido y brillante (así lo recuerdo) que anticipaba al gobierno de Salinas y se imponía a todos los esquemas que hasta el momento existían. Comprometido con las causas del pueblo desde que lo conocí, un publi-relacionista audaz y visionario, luchador incansable de las causas populares, agradezco al destino la fortuna de haber convivido y aprendido lo poco que sé a través de su mirada, palabra y acciones.
Publicado por: FernandoJ1 | 28/05/05 en 18:47