Si el deporte es una gran alegoría de la vida, el ciclismo es para mí una de sus máximas expresiones. Qué mejor representación del esfuerzo cotidiano y del trabajo que cuesta alcanzar tus sueños que pedalear cuesta arriba, cuando sientes que tus piernas no dan más y que tus pulmones están a punto de reventar, pero ves la cima tan cerca que no puedes permitirte dejar de intentarlo. O esas ocasiones cuando no mides el riesgo que conlleva esa inmensa bajada, tanto que cuando estás en ella no te queda más que tomar bien fuerte el manubrio, apretar los dientes y vivir al máximo ese momento, mientras controlas las fragilísimas ruedas de tu bicicleta. Eso es la vida también. Subidas, bajadas, velocidad, reposo.
Hoy trato de pedalear fuerte, pues sé que unos metros más allá de esta cuesta me espera una planicie. Y no quiero perderme la alegría de descubrirme ahí.

Nada más agárrate muy bien en esas bajadas... y cuidado con las raspadas!
Publicado por: Martha | 06/07/04 en 11:47