Los eventos relacionados con el secuestro de niños y adultos en una escuela en Rusia y su desenlace fatal transmiten una gran desesperanza. Tal vez desilusión. Quizás una mezcla de las dos cosas.
Es prácticamente imposible imaginar lo que pasa por la cabeza de aquellos que se atreven a escudarse en inocentes, llenar de explosivos su entorno y mostrarse dispuestos a morir por la causa que sea, sin importarles que con ellos mueran también cientos de personas más. Tal vez es igual de complicado pensar en la sangre fría de los generales que ordenaron la incursión militar para "rescatar" a los rehenes. Tal vez podrían usarse en su descargo las confusas versiones de que actuaron para proteger a quienes eran acribillados por la espalda al tratar de escapar, pero aún así, no puedo ni siquiera imaginar qué es lo que pasó por la mente de unos y otros.
No me voy a detener a analizar otras cosas, el entorno político en el que se generó todo esto por ejemplo, simplemente quiero dejar constancia de mi tristeza después de leer lo que sucedió. Los medios de comunicación y su tan llevado y traído cumplimiento del deber de informar también han aprovechado estos eventos, y tristemente, optaron por la espectacularidad y la explotación del morbo, como lo señalaba ayer Sonia Blanco y que no es más que la muestra de que día con día nos estamos volviendo más insensibles y que se requieren dosis mayores de crudeza para sorprendernos.
Pero hoy, cuando menos para mí, desesperanza es la palabra.

Tienes mucha razón en lo que comentas del amarillismo de los medios. Antes de enterarme totalmente del desenlace (desgraciadamente sabemos que no es el final) de este drama, íbamos por una calle y en la esquina estaban vendiendo el periódico vespertino donde en primera plana y retocada la fotografía, mostraba a un niño sangrando. Mi hijo de seis años viajaba conmigo y no pudo quitarse esa imagen de la cabeza en todo el día. Hablé con él, lo mejor que pude dadas las circunstancias. Tal vez, guardo esa esperanza, no nos estemos desensibilizando. Dicen que un niño promedio ve al mes una cierta cantidad de sangre y violencia, debido a la televisión y otros medios. Sin embargo, un niño es capaz de separar la información real de la que no lo es.
Pero, habría que ver cómo reaccionamos ante esto los adultos. Creo que nosotros somos los miopes.
Publicado por: lagartijaconalas | 05/09/04 en 16:27
Lagartija: Lo que me preocupa es justamente esa necesidad (real o alimentada por los medios de comunicación) de dosis mayores de violencia o crudeza y que ese uso indiscriminado de imágenes nos lleve a volvernos insensibles. Ojalá que no
Publicado por: Gustavo | 05/09/04 en 17:32
Si fue muy triste lo q paso , q grado de frialdad y maldad , y ahora lo peor que podria suceder esque EUA quiera poner orden.
Publicado por: scarlett | 05/09/04 en 19:19
Gracias por el enlace :)
Publicado por: Sonia Blanco | 07/09/04 en 2:17