Se terminó el 2004 y yo en estas fachas. Muchas gracias a los que han llegado a La Casa en el 115 para quedarse, a los que nos visitan con cierta frecuencia y también a los que ni siquiera saben de qué se trata esto, pero bien que han dejado sus comentarios por ahí. Muchas gracias por todo, porque su compañía virtual se convirtió en aliento y me hizo olvidar malos ratos que pudieron estar sucediendo pero que de verdad fueron más llevaderos por sus letras, por sus correos y por su voz en el teléfono.
Lo correcto, y para estar ad hoc con los tiempos, sería hacer un resumen de lo escrito y de lo comentado en este año en La Casa en el 115, pero lo realmente relevante de comentar es la amistad que hemos ido consolidando y que al sacar en limpio cual apunte de escuela, es sin lugar a dudas lo mejor de todo, la conjunción de nuestras vivencias, lo compartido de nuestros sueños, de nuestras tristezas, de nuestros anhelos, de nuestros fracasos y éxitos: yo, tú, él, ella, nosotros, todos, porque el accidente de la distancia es pequeño si se tiene cerca un corazón cálido y grande como el de todos ustedes.
No fue el 2004 un año fácil y cada uno tendrá una anécdota que contar a este respecto; prefiero, de verdad, olvidarme en la medida de lo posible de lo malo, tomar las experiencias útiles y recordar lo bueno; desde hoy me prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para que el 2005 sea un mejor año.
Nuevamente muchas gracias por el aliento, por la compañía, por las letras compartidas, por todo, por todo y por todo, como se lo dije a una amiga hace un rato. ¡Un abrazo y feliz 2005!.


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