(Esta era mi colaboración para el número 3 del Sensacional de Blogs, el cual nunca llegó a ver la luz; lástima, porque eso del Sensacional era un buen rollo)
Dominemos el mundo a golpe de teclas
o lo que es igual, el HTML al poder
Ya me lo decía el Profesor Orejuela en aquél encuentro en Madrid con motivo de la XXVI Jornada Iberoamericana de conceptualización y análisis de la dinámica blogosférica “Los bloggers unidos jamás serán vencidos”: no hay derecho.
Recuerdo bien el tono que empleó, estirando la segunda “e” como suelen hacerlo los eruditos enojados, al grado que pensé que iba a darle un sincope si no se apresuraba a terminar pronto la palabra. “Mira la bitácora: 453 enlaces entrantes y 157 salientes; dos wishlist; una categorización extrema, incluyendo 27 subcategorías; un tagboard en el que se dicen cosas chistosísimas; una barra lateral que te lleva a los post más visitados; un buscador interno que rasca hasta lo más profundo de las anotaciones, incluyendo las 14 que escribo cada día; un sorprendente mapa que muestra en tiempo real la procedencia geográfica del visitante; y 5 refinados botones para que nos enlacen nuestros fans, verdaderas obras de arte en miniatura que compré a 15 dólares la pieza; ¿y así se atreven a poner la bitácora en el lugar número trescientos noventa y cuatro? ¿qué quieren que haga? ¿qué me tome fotos, que las suba y luego diga que me inventé un nuevo concepto, no sé, algo que a la larga podría llamarse fotolog?”
“Lo nuestro es lo importante, no eso que tratan de vendernos los de la nueva ola; míralos con sus bitácoras minimalistas, alabando a diestra y siniestra el diseño y su argumento fascistoide de que el subrayado perfecto solamente se logra si utilizas la fuente Trebuchet”.
Creí escuchar la explosión de su hígado, pero lo noté tan alterado que tuve miedo de interrumpirlo. Era la tercera vez que nos encontrábamos personalmente y la primera desde aquel abril en el que acordamos diseñar y mantener un weblog como instrumento de culturización y de penetración del pensamiento redundante, a partir de una complicada teoría del Profesor que nunca logré entender totalmente. Pinky y Cerebro de los weblogs en pos de controlar la conciencia mundial.
Lo difícil había sido, lo recuerdo bien, ponernos de acuerdo en el título: él quería algo que sonara fuerte, imponente; yo algo que se escuchara más musical; lo echamos a suertes y gané, por eso optamos llamarle “El rinconcito sabio en la esquina norte de la blogosfera”. Él todavía trató de negociar, pero me negué; ¿por qué siempre el norte debe controlar todo? ¿por qué nunca el sur? decía, masticando un pedazo de tabaco y mirando Slashdot; creí que iba a citar a algún trasnochado pre-revolucionario.
Pero creo que me he desviado. El Profesor Orejuela había dicho: no hay derecho. Y lo había dicho porque consideraba que la publicación más reciente de “El ranking” estaba trucada. No tenía la evidencia plena de que fuera así, pero algo le decía que había mala fe en todo esto. Discutimos, se escucharon palabras altisonantes (Microsoft e Internet Explorer fueron algunas de las más violentas y sin lugar a dudas de las utilizadas con el peor ánimo de insultar), tanto que tuve que golpearlo con mi iPod de última generación para que se tranquilizara. Por un momento temí que en su arrebato convirtiera en jirones mi camiseta recién estrenada con la frase Geek Power! en 14 idiomas, incluyendo el klingon. Argumentó mil cosas, con la sapiencia que suele caracterizar a cualquier blogger, y estuvo a punto de convencerme de dar un golpe de timón y proceder a hacer cosas más espectaculares. Pero mi secreto, mi oscuro secreto, tenía que permanecer a resguardo y haría todo lo que estuviera a mi alcance para mantenerlo así.
No lo he dicho aún, pero yo era el responsable de escribir el código, de diseñar el weblog y de colocar cualquier link; él era el encargado del contenido y nada más, así que nunca supo que la totalidad de las bitácoras referenciadas eran ficticias, que la mayoría de los comentarios habían sido colocados por cualquiera de las 23 identidades que me había creado y que las cifras del contador de visitas estaban totalmente infladas gracias a un algoritmo que las multiplicaba por 3.1416 y las elevaba al cubo para después pasar por un complicado proceso de redondeo. Así que cuando propuso que sondeáramos la posibilidad de llamar a nuestra filas al que adornaba su bitácora con las imágenes de la botellita de Absolut en mil versiones, tuve miedo y cambié de tema; lo nuestro era ya algo parecido a un juego de ajedrez y por lo delicado de la situación mostrar emociones al hacer cualquier movimiento era tan peligroso como llamarse Bill Gates en una convención de usuarios de Mac; traté de llevar la conversación hacia el asunto del próximo vencimiento del dominio, pero hábilmente propuso dividir las ganancias generadas con la publicidad de los anuncios personalizados; el colmo, ni cómo decirle que Gugol nos había penalizado y expulsado del programa por la sencilla razón de que todos los clicks, mis clicks, salían de la misma dirección IP.
Así que esa noche decidí marcharme del proyecto, llevarme mis 23 identidades y los 462 comentarios que había ido dejando en nueve meses de arduo trabajo; qué se había creído este Profesor Orejuela que pensaba que a alguien le interesaban sus post sobre cómo el bloggin estaba penetrando la cultura malaya; además, si el tagboard era divertido, lo era justamente por los chistes que contaba una de mis identidades; no hay derecho, y en eso sí tenía razón el Profesor Orejuela, por eso me iba: el comentario es de quien lo trabaja.

Muy buen articulo, lástima por lo del sensacional.... que habrá pasado con el profesor?
Publicado por: sosa | 21/06/05 en 8:52
Gracias, Sosa.... de verdad que me gustaba la idea del Sensacional; en cuanto al profesor, creo que tendré que sentarme un rato para dotarle de un futuro :)
Publicado por: Gustavo | 21/06/05 en 12:52
Si le gusta el humor involuntario que ofrecen nuestros políticos, o está cansado de los comentarios del "Ticher" visite...La Esquina 1810, el mejor blog de sátira-política en México.
Publicado por: Teté Calvache | 22/06/05 en 22:14