Se dice fácil, pero ganar siete veces el Tour de Francia no es cualquier cosa; ganarlo en siete ocasiones de manera consecutiva son ya palabras mayores, sobre todo si se toma en cuenta que esta es la competencia más importante del mundo ciclístico (se corre desde 1903), y por lo tanto, la que congrega a los mejores corredores de todo el planeta.
Agreguémosle mayor dificultad a la cadena de triunfos, recordando que el tipo que ha logrado la hazaña tuvo cáncer, y que por lo tanto, él debería estar dedicado a otra cosa y no al deporte de alto rendimiento. Pero contra los pronósticos de los médicos y de los que patrocinaban a Lance Armstrong en los tiempos en los que se le diagnosticó el cáncer, quienes ante las evidencias consideraban que su carrera deportiva estaba terminada, hoy ha ganado el Tour por séptima vez consecutiva. Un verdadero ejemplo de coraje y de fortaleza mental, que es sin lugar a dudas, motivo de inspiración.
(Por cierto, esas pulseras amarillas que se ven en todas partes, corresponden a una campaña de la Lance Armstrong Foundation para allegarse recursos para apoyar a gente enferma de cáncer).

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