La lectura de este libro me costó más trabajo del que creí inicialmente, aunque de hecho era una novela a la que le traía muchas ganas. Y Carbono alterado de Richard Morgan no sólo me aburrió sino que cuenta con los méritos suficientes como para que dentro de unos meses lo olvide por completo. Es decir, me gustaron algunas cosas de las que narra el autor (¿a quién no le emocionan los viajes interplanetarios o el mero hecho de imaginar que la raza humana vive en otros planetas, por ejemplo? ¿qué me dicen de la posibilidad de que al morir pueda reconstruirse el individuo, su carácter y sus recuerdos a partir de una pila cortical, una especie de disco duro que podría almacenar nuestra memoria y todo lo que somos?), pero no terminó de cuajar ni logró generar emociones como para que se las recomiende. Es más, creo que lo que más me gustó fue el prólogo y ese apenas tiene una extensión de cuatro páginas y media.
La idea básica de la novela es que un investigador privado es contratado para dilucidar si un millonario se suicidó o lo asesinaron. El asunto es que el investigador es contratado por el propio millonario, quien utiliza ahora una de sus múltiples fundas (réplicas de su cuerpo) después de que ha sido traído al mundo nuevamente. El millonario asegura que fue asesinado, pero la policía dice que se suicidó. Y por ahí va el asunto que a mi parecer pudo haber sido contado en la mitad de páginas de las que nos venden ahora.
Mi lectura número quince del Reto: 50 libros, versión 2005.

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