Con ánimo juguetón escribí el siguiente texto a solicitud de ReD, mismo que fue publicado en su bitácora el 21 de enero pasado. Lo pongo por aquí a petición de nadie, nomás para no perderle la huella.
Al fin se confirmado aquella teoría que durante muchos años rondó fuertemente los cubículos de los intelectuales: para enamorar a una mujer y hacer posible que ésta finque en uno sus esperanzas de tener descendencia, nada mejor que saber bailar. Ya no sirven los ramos con tres docenas de rosas rojas; o los poemas melosos que tienen como sustento la frase "me enamoré" (los cuales para estar en regla deben tener infinitos versos consecutivos finalizados con letra e acentuada); mucho menos las serenatas con mariachi, con gordo del guitarrón y trompetista desafinado incluidos; pues a la luz de la ciencia nada de esto tiene en el corazón de las mujeres el drástico y definitivo efecto de un paso de danzón bien dado. Será por eso que en el pueblo han aparecido letreros del tipo "Academia de baile Hermanas Menchaca –antes Florería Hermanas Menchaca-", o anuncios radiofónicos que invitan a aprender a bailar el "mariachi loco" en tres sesiones de jueves por la noche, con la garantía de que los instructores saben de esto, pues son nada más y nada menos que los, ya desempleados como músicos, mariachis.
Se acabaron entonces las palabras tiernas o las miradas de borrego a medio morir para llegar al corazón de la mujer amada; se terminaron también las caminatas a orillas de la playa o (a falta de ésta por vivir en la sierra) los paseos por el parque de la localidad para confesar nuestro amor teniendo como fondo el rojizo y hoy declarado ex-romántico atardecer; porque lo de hoy es bailar, y sobre todo, bailar bien.
Con cuánta pena tengo que reconocer que el tío Toribio estaba totalmente equivocado cuando durante las fiestas del pueblo confirmaba su hombría al declarar a los cuatro vientos que "los hombres rudos no bailan", para dejar entonces que en la pista de baile las parejas se enfrascaran en eso que a él le daba tanta risa y a lo que los conocedores llamaban simplemente cha-cha-chá. Eso sí, es bueno destacar que el tío Toribio era reconocido por su sapiencia a la hora de enamorar a las mujeres pues fundaba sus conquistas en cosas distintas al baile: con serenata primero, con cartas perfumadas después. Y si de plano esto nomás no funcionaba, lo que seguía entonces era robarse a la mujer mientras ésta iba a lavar al río. Pero aún así, no creo que mereciera el calificativo de bárbaro que le aplicó el presidente del comisariado ejidal para justificar la corretiza, plena de balazos y gritos como para arrear las vacas, con la que se le hizo partir para siempre del pueblo, pues era él todo un caballero, muy de pueblo, pues, pero caballero al fin, que estaba siempre atento al latir del corazón de la dama.
En conclusión, gracias a esta recién confirmada regla biológica la galantería y los detalles tiernos ya están cayendo en desuso. Y ni modo, así son las leyes de la selección natural: desafortunadamente éstas no las escriben ni los poetas, ni los románticos, sino los científicos bailarines con sus ridículos pasos a lo John Travolta en Fiebre del Sábado por la Noche.

Definitivamente, el baile es lo mejor para enamorarnos ( a nosotras), al menos siempre me han llamado la atención aquellos que saben bailar. Ah! pero que no me lleven al baile, porque primero los bailo yo. Pero igual me gustan los chocolates,las flores,los poemas,los libros,los perfumes y las joyas (en ese orden).
Publicado por: Ángeles | 07/02/06 en 19:39