Dice la agencia AP, que apenas uno de cada mil estadunidenses (0.1%) puede nombrar las cinco libertades garantizadas en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos (libertad
de expresión, la religión, la prensa, libertad de asamblea y la petición para la reparación de quejas), contra el 22% de la población que sabe el nombre de los miembros de la familia Simpson, es decir, Homero, Marge, Lisa, Bart y Maggie. Una pequeña diferencia, pues, que nomás señala el poder de penetración cultural que tiene la televisión.
Sin ánimo cortavenas, ¿qué se puede esperar si la televisión, no sólo en los E.U sino también en México, y supongo que en muchas otras partes del mundo, por las causas que se quieran ennumerar, es maestro, madre, padre, y un largo etcétera? Además habría que agregar que suele suceder que muchas cosas que damos por hecho no nos han costado nada (a las nuevas generaciones, pues), por lo que asumimos que esas cosas han estado ahí siempre, como la libertad de expresión o la libertad de asociarse con quien se quiera.
No creo que en México pase algo muy distinto a la encuesta telefónica señalada; habría que intentarlo, por ejemplo, con El Chavo del Ocho y sus amigos.
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