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¿Qué es esto?

  • La Casa en el 115 es mi cuaderno de apuntes en el ciberespacio, algo que muchos llamamos también "Weblog" o "Bitácora"; estas anotaciones aparecen en órden cronológico inverso (la más reciente en primer lugar) y te ofrecen un espacio para que dejes tus comentarios. Aquí escribo de Ecología, Política, Literatura, Trova y TV, entre otras cosas. Desde Xalapa, Veracruz, en México

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  • Jorge Valdano: El Miedo escénico y otras hierbas
    Jorge Valdano: El Miedo escénico y otras hierbas

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09/01/07

El primer amor

Escarbo un poco en mi memoria y ahí está: ella con su vestido blanco de los lunes; ella con su listón satinado formando un gran moño sobre su cabello largo, largo, largo; ella y su piel clara, sus ojos rasgados, su lunar en la barbilla y sus dientes de conejo, inmaculados como el atuendo que usábamos durante los días de fiesta; ella y yo en el último año del jardín de niños, mirándonos a lo lejos, sin decirnos nada.

No es difícil recordarla porque fue una presencia constante hasta el cuarto año de primaria: ahí va, caminando otra vez en el pasto, rodeando la pequeña alberca con la gracia de una gacela, entrando al comedor, o sentándose frente al pizarrón, en primera fila, como siempre. Como siempre.

Cierro los ojos y la veo, mientras digo su nombre y evoco el sonido de sus zapatos de charol, impecables como su boleta de calificaciones. Pienso en ella y el ambiente se llena de su perfume con aroma de flores recién cortadas.

Cuando una decisión materna me envió a cursar el quinto y sexto año a otra escuela, comencé a soñar con que ella miraba mi pupitre vacío y se prometía buscarme. Aunque no hubo forma de despedirme de ella, quedaba el consuelo de la dedicación silenciosa de aquel gol que metí y aquella atajada espectacular que logré sobre la línea de meta, que en conjunto permitieron a los pumas del 4o. "B" ganar el segundo lugar del torneo escolar de fútbol.

Cosas de la vida, la volví a ver cuando ya éramos adolescentes, al cruzar una calle cualquiera. Nos miramos, nos reconocimos pero pasamos de largo, en silencio, sin decirnos nada, como siempre, nada.

31/12/06

Adiós, 2006; bienvenido, 2007

No fue el 2006 un año fácil, ni en lo laboral, ni en lo familiar, ni en lo económico, ni en lo personal. Sin embargo, me siento satisfecho con lo logrado, con lo vivido, con lo soñado y con lo alcanzado/no alcanzado. Estoy seguro que encaré el año y sus retos de la mejor forma.

Soy un convencido de que las cosas pasan por alguna razón; el 2006 me sirvió mucho y sé que me preparó para cosas mejores, más grandes, más difíciles, más alegres: para más de todo.

Adiós, 2006; es un gusto conocerte, 2007.

07/11/06

Llorar

A veces lloro. Lo hice, por ejemplo, hace un año en Puebla cuando casi al final de su concierto Ismael Serrano cantó "Papá cuéntame otra vez"; de por sí ya traía yo un nudo en la garganta, así que esa canción terminó por romper el dique. Después cantó otras más -unas cuatro tal vez-, porque no fue el final-final, sino la parte en la que dicen "ya me voy, gracias" y uno aplaude para que regrese.

Ahora bien, ¿por qué lloro? Por muchas cosas, soy más chillón de lo que creen. Lloré varias veces viendo Party of Five; lloré cuando murió el Dr. Green en ER; lloré cuando sepultaron a alguien en Lost; si, ok, son cosas ficticias, pero son cosas que me hicieron llorar. También lloré en el estadio de Ciudad Universitaria cuando los Pumas le ganaron al Cruz Azul y con eso pasaron a la final en la que después derrotaron a las Chivas en 2004. Lloré porque nunca me había sentido tan feliz por irle a ese equipo (y porque había sido un partido muy sufrido a ratos).

Ya lo conté en La Casa alguna vez, lloré cuando ví en La Jornada las fotos de los zapatistas muertos en un mercado en Chiapas. Lloré también cuando secuestraron a mi cuñado; no cuando lo supimos desaparecido, ni cuando lo buscábamos, ni cuando fui el primero que entró a la sala del hospital a ver cómo estaba, ni cuando manejé de regreso con él a la casa; no, lloré cuando ví a mi sobrino que no sabía bien a bien qué había pasado, cuando lo abracé después de que había terminado toda la jornada. Lloré en noviembre pasado -ya casi tiene un año- cuando mi sobrina cumplió quince años; y lloré también cuando la otra cumplió quince en el reciente octubre. Lloré cuando falleció mi tía, hermana de mi papá, una madrugada fresca de hace poco más de un mes; lloré por ella, por su partida, por lo que representó para nosotros, pero lloré más al ver el dolor y las lágrimas de mi abuelita, su mamá.

Y también he llorado de impotencia, de soledad, de tristeza, de alegría. A veces hasta he llorado por alguna canción escuchada en la soledad de mi recámara.

Creo que soy demasiado idealista y tal vez por eso me duelen demasiado tantas cosas. Como sea, no prometo dejar de llorar, y ni siquiera prometo llorar solamente por cosas que "valgan la pena". Estoy plenamente convencido de que llorar no me hace menos hombre, sino que por el contrario, confirma mis valores y me permite mantenerme sensible a las cosas y a la gente que me rodea.

04/10/06

Hoy, Hoy, Hoy

Me dirán que motivos para regresar a postear sobran, pero estarán de acuerdo conmigo en que a veces no se sabe cómo retomar la actividad. Por ejemplo, el inicio de la tercera temporada de Lost es un gran pretexto para enfrentarse a la pantalla en blanco, al cursor titilante y comenzar a escribir otra vez.

En estos tiempos fui al cine muchas veces; leí algunos libros; miré la luna; fotografié un amanecer desde el piso 19 de un hotel; recibí buenas noticias; y también las recibí malas; abracé mucho a mis sobrinos; lloré en un par de ocasiones; algunas veces desperté sin ganas de levantarme de la cama; comencé a escribir un cuento; y me detuve en la cuarta página; conocí en persona a un colega blogger; dos días de las semana pasada desayuné chilaquiles; muchas veces me quejé de dolor en la rodilla derecha; me la pasé escuchando música country; y me enteré que Ismael Serrano viene al D.F. y a Puebla a finales de octubre; también que Alejandro Filio viene a Xalapa la próxima semana; y saqué cuentas y concluí que no tengo dinero para ir a ninguno de esos conciertos; compré varios libros, a pesar de mi promesa de no hacerlo en este año; y es por eso que no tengo dinero para ir a ninguna parte; y también venía a La Casa para ver qué decían los que llegaban gracias a San Google, o que resúmenes pedían los estudiantes de secundaria, quienes no olvidan prometer que sí leerán el libro, aunque ahora solamente les urge saber de qué va la historia para el examen del día siguiente.

Así que estas son las cosas que he hecho durante la ausencia de casi un mes; son cosas que -saberlas o no- no les van a ayudar o perjudicar en nada, sino todo lo contrario. Lo único que vale la pena es enterarse que hoy, hoy, hoy, inicia Lost en su tercera temporada.

05/09/06

Dormir

Así como escribió Sabines, así lo suscribo: "Soy mi cuerpo. Y mi cuerpo está triste, está cansado. Me dispongo a dormir una semana, un mes; no me hablen". Y también suscribo lo que decía en días pasados otro Jaime, pero de apellido Avilés, específicamente el sábado, en La Jornada. Hace falta, pues. Y parece ser que nadie sabe cómo remendar las cosas que se descompusieron.

27/08/06

FILU 2006

Comenzó en Xalapa hace unos días la Feria Internacional del Libro Universitario, la cual tiene como lema en esta oportunidad "Agua: Reto planetario en el siglo XXI", pero cuya edición 2006 será recordada por estar dedicada al escritor Sergio Pitol, quien ha sido merecedor del premio Cervantes, y que ha estado recibiendo homenajes en esta ciudad en la que vive desde hace muchos años.

Hoy me dí una vuelta por la feria (más que para comprar algo, para llenarme la nariz del aroma de los libros y del ambiente de fiesta). Ahí miré una pequeña muestra de algunos ejemplares de las obras de Pitol publicadas en otros países y en otros idiomas; una exposición acerca del agua; unos niños jugando una partida de ajedrez en un tablero gigante y con una piezas que les superaban en altura; y libros, muchos libros.

Trilorgia_1Y aunque me había prometido no gastar en libros de aquí hasta el año 2010 o hasta nuevo aviso, terminé comprando "Trilorgía, cuentos a seis manos", una colección de relatos de tres escritores -Angélica González, Artemio Ríos y Marha Elena Nava- que voy a leer pronto. Uno de los coautores, Angélica -que recién había elaborado su propio papalote en uno de los talleres de la FILU- me hizo una dedicatoria y le puso sabor al asunto dibujando en la primera hoja del ejemplar un gatito que será, a partir de hoy, el guardián del libro. (Y pensándolo bien, creo que es el único libro que tengo con dedicatoria de su autor).

Desde la FILU se transmitió el pasado sábado en vivo y para todo el país el programa La dichosa palabra, al que no pude ir por causas que no vienen al caso. Ni modo. La feria termina el 3 de septiembre.

13/08/06

¡5000!

5000_1Siguiendo con los egoposts, les cuento que durante la mañana de hoy domingo, alguien colocó el comentario número cinco mil de La Casa en el Ciento Qunce, algo que me llena de orgullo y que no deja de sorprenderme, pues esta cifra no se alcanza todos los días, menos aún si la bitácora ha tenido que sufrir el semiabandono de un servidor o las ausencias de gente que venía a comentar muy seguido, las cuales por distintas razones se han alejado del ciberespacio -o nomás de La Casa. Por supuesto que sé que este sitio ha perdido visitantes por el hecho de haber expresado mi posición política, aunque sé que no han sido tantos como los que hay que cargar a mi falta de constancia en el posteo. Para ambos casos tengo justificación -falta de posteo y posicionamiento político-, aunque no todo tiene remedio.

Gracias otra vez.

11/08/06

Cuatro años

La Casa en el Ciento Quince cumple cuatro años.

Y a partir de hoy su titular desiste de su deseo de dominar al mundo.

Gracias.

26/06/06

Resumen

No sé si les ha pasado lo mismo, pero hoy no sé si reír o llorar. Es más, no sé siquiera si lo que cuento es motivo de alegría o de tristeza, porque el trabajo de los últimos tres meses ha quedado resumido en la simpleza de un libro de excel trasladado a seis o siete hojas que imprimí hace unos minutos; el trabajo de horas y horas, de fines de semana revisando en solitario proyectos y solicitudes, se resumen en esto: números y nombres; califica o no califica; para la mayoría un "suerte para la próxima"; para los menos un gran símbolo de pesos.

Quiero vacaciones.

04/04/06

Abril

La mañana tiene algo –demasiado pólen, tal vez, rondando el ambiente– que me tiene entre somnoliento y entristecido, con el ánimo desabrido y las rodillas temblorosas. He pasado dos, tres horas, con manos inmóviles y ojos ausentes, haciendo como que miro al monitor que despliega una inerte hoja de Word; a ratos salgo del trance y abro el Firefox para hacer como que navego, pero no, sólo voy a páginas que treinta segundos después abandono, sin leerlas, para caer en lugares en los que nadie me extraña. Hace unos años hubiera dicho que la culpa era endosable a la primavera, inalcanzable entonces como lo sigue siendo hoy por habitar -y brillar- del otro lado de mi ventana. Hoy ya no sé a quién, o a qué, cargarle este desconsuelo.