Si en algún momento llegamos a pensar que lo peor que podía hacer un diputado federal era olvidarse que (en teoría) representa al pueblo (por mucho que haya llegado al cargo por la vía plurinominal), pues estábamos equivocados.
No soy un purista y tampoco me quita el sueño ver a alguien que por decisión propia hace el ridículo en cadena nacional, total, es "muy su gusto", como solemos decir. Lo que sí me incomoda un poco, un poquito nomás, es que el del ridículo sea un diputado federal, sobre todo porque parece que éste ha decidido hacer el papelón de manera sistemática (bueno, acepto que papelones los diputados los hacen muy seguido en la Cámara cada vez que votan por cosas por las que ni siquiera saben que están votando). Regreso: cómo olvidar aquella"gran" pelea de box, en la que el diputado en cuestión "noqueó" a su contrincante casi sin tocarlo, y eso después de irse en banda en repetidas ocasiones, tanto que poco faltó para que el contrario gritara que ya estaba noqueado, para dar un gracioso giro y caer estrepitosamente a la lona, mientras el ring se inundaba con una lluvia de sillas y cojines lanzados por los irritadísimos espectadores.
Pero este hecho notable no es el único digno de contar, y seguramente tampoco será el último, del diputado-boxeador-estrella televisiva
Jorge Kahwagi, héroe de la batalla narrada líneas arribas y amigo (ojalá) de La Casa en el 115, pues el más fresquecito es su participación en una ¿gresca? ¿trifulca? ¿mala actuación? en
un programa de televisión. Según entiendo jugaban el dipu y un luchador a las vencidas (juego de manos, juego de villanos, dicen por ahí), cuando se acusan de tramposos, el luchador quita la mesa donde jugaban, se tiran varios golpes y terminan en el suelo, mientras la gente que asistía al evento trata de separarlos. Lo peor del caso es que creo que en esta ocasión Kahwagi tampoco acertó ningún golpe.
Yo por lo pronto propongo que juntemos un dinerito y mandemos a Kahwagi a una escuela de boxeo en las Filipinas. Creo que nos saldría más barato que tenerlo de diputado, y además nos ahorraríamos muchas vergüenzas.
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