Durante el 2006 fui un lector breve: leí poco y reseñé menos. Evitaré culpar al clima y sus derivados, porque el total responsable de quedar lejísimos de la meta de 25 libros soy yo.
Desde ya declaro que quiero reivindicarme y leer más, pero no para obtener un diploma de buen lector o para ser el dato anómalo en las estadísticas de lectura de los mexicanos; por eso entre mis propósitos de año nuevo está alcanzar mi meta de leer 25 libros en un año, lo que incluye escribir los reportes de mis lecturas apenas vaya terminándolas.
Es así que revisando veo que en 2004 leí 11 libros y en 2005 leí 21; me siento triste porque en 2006 no alcancé la decena:
1. Mauricio Achar. Un librero de nuestro tiempo
2. El principio del placer
3. Cómo Se Cuenta un Cuento
4. La Leyenda del Santo Bebedor
5. El Vizconde Demediado
6. Extraños Peregrinos: Doce Cuentos
7. La soledad del corredor de fondo, de Allan Sillitoe (que no reseñé)
8. Ninguna eternidad como la mía, Ángeles Mastretta (que no reseñé)
También leí cuatro novelas cortas contenidas en igual número de libros, las que no reporté porque no terminé de leer esos libros (El perseguidor, de Julio Cortázar, en Las armas secretas; La balada del café triste, de Carson McCullers, en el libro del mismo título; Nada menos que todo un hombre, de Miguel de Unamuno; y El Tigre de Tracy, de William Saroyan), pero ya dije líneas atrás que no terminé los libros que las contenían y que tampoco reseñé las lecturas, de ahí que no los incluí en la estadística final. En fin, ya inicié las lecturas del 2007 y pronto reportaré el primer libro finalizado.

De la pluma de

Supongo que uno de los mejores homenajes que se le puede dedicar a alguien que dio buena parte de su vida a los libros, debe ser, justamente, hacerle un libro. Este es el caso del volumen
Esta fue mi última lectura del 2005. No esperaba mucho de
Soy lector constante de las columnas de
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