(Este artículo fue enviado a Zona Acústica en diciembre pasado pero a la fecha no ha sido publicado porque el sitio fue rediseñado y aún no vuelve la seccion editorial; como tengo el cerebro seco desde hace unos días, lo publico aquí nomás para que no se diga que tengo el changarro abandonado).
Lo reconozco: es injusto que titule la presente colaboración de esta forma, si lo que quiero hacer es hablar de Gerardopablo y sus canciones, teniendo, como las tiene él, pequeñas obras de arte cantada que merecerían páginas completas para hablar de ellas. Y lo acepto también: acabo de conocerle y aún no soy un experto gerardopablista. Aún no, pero estoy seguro que no tardo en serlo.
Gerardopablo vino una noche de estas a mi ciudad y dicen que esta presencia fue la segunda en un lapso de dos o tres semanas. Dicen también y no lo dudo, que la primera visita fue un éxito total porque el lugar en el que se presentó tuvo un llenazo, aunque la segunda presentación, a la que asistí, no fue seguramente un éxito de taquilla porque desde el inicio hasta el final de su presentación estuvimos entre 11 y 14 personas que nos atrevimos a salir en una noche húmeda, llena de neblina y con un frío que calaba en serio; además era media semana y las preposadas estaban en su máximo esplendor; ya nomás era cuestión de agitar la mezcla para obtener los resultados narrados.
Tal vez la primera presentación haya sido memorable, pero me quedo con la calidez y cercanía de la segunda reunión porque conocí ahí a un Gerardopablo sencillo, amable, juguetón, que interactúa mucho con el público y que habla, habla y habla hasta que te sientes su amigo. Cantó mucho; dijo él mismo que estaba interpretando sus composiciones preferidas y que por alguna razón las cosas le estaban naciendo así en ese momento; y aunque supongo que lo descrito es ya parte de su personalidad, no me extrañaría que esa noche en especial anduviera un poco más sensible que de costumbre; en suma, se le agradece su buen talante porque con su actitud comprometida nos demostró que este tipo de música se vive sea cual sea la circunstancia que rodea su presentación. En lo personal, Gerardopablo dejó la semilla de su música en mi gusto particular. Todo un éxito pues, aunque no me extrañaría que las cuentas al final no cuadraran por todo lo descrito, pero esa es ya otra historia.
Ya decía antes que hace poco conocí su música y todavía en este momento no tengo una canción definitiva de él, porque apenas estoy recorriendo su producción aunque ya he identificado algunas de las canciones que interpretó aquella noche: La guirnalda, Canción de espera, Los grillos no han dejado de cantarte y A mi resguardo, composiciones que comienzo a tararear con insistencia y que tienen todo para convertirse en mis favoritas. Tiene, sí, un timbre de voz que a ratos, leves momentos, sabe a Fernando Delgadillo, sin que esto signifique que lo imite o nada parecido.
El título, lo estaba olvidando. Durante la segunda parte de su presentación Gerardopablo se hizo acompañar de Alejandro Ramírez, el conductor de “Cantares”, con quien cantó un par de canciones hasta que llegaron al apartado de “Trova para bailar”, con el cotorreo de convertir las canciones de trova al género chunchaquero para que, según ellos, las quinceañeras troveras no mantengan el cargo de conciencia al bailar a Los Tucanes de Tijuana en sus fiestas de presentación en sociedad. Fue un buen detalle que nos hizo reír como locos por tanta ocurrencia y era solamente un pequeño dato que quería contar sin mayores pretensiones, pero que terminó dando título a esta colaboración.
En resumen, escuchar a Gerardopablo en vivo y sentir cercana su música fue lo mejor de aquella noche; sin lugar a dudas merecía más público en su presentación, pero los que estuvimos le disfrutamos como se debía. Vale.
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